Porque tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; fui forastero y me recibisteis» (Mateo 25:35). Las migraciones han sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad y todas las sociedades han tenido que enfrentarse a la gran cuestión de qué hacer con ese «forastero». Un forastero que podía suponer un contraste especialmente allí donde existían naciones homogéneas cultural, lingüística o religiosamente. Pues bien, ante este dilema el cristianismo nos dio una pauta moral clara, que se ve sintetizada en la cita evangélica con la que he comenzado. Como complemento, en la parábola del Buen Samaritano Jesús ofrece una lectura extensa de aquel prójimo al que tenemos el mandamiento de amar como a nosotros mismos. Pasan de largo del hombre apaleado sacerdotes y levitas y tiene que ser un samaritano, que viene de lejos, de un pueblo del que desconfiaban los judíos, el que muestre su misericordia. Porque el cristianismo, con su vocación universal, también nos enseña a mirar más allá de esos perímetros nacionales cerrados, buscar la hermandad en sabernos hijos de un mismo Dios, con igual dignidad. Recuerdo esto conmovido por los sucesos de Torre Pacheco de las últimas […]
Política, políticas e inmigración, por Germán M. Teruel Lozano en ‘La Verdad’
Porque tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; fui forastero y me recibisteis» (Mateo 25:35). Las migraciones han sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad y todas las sociedades han tenido que enfrentarse a la gran cuestión de qué hacer con ese «forastero». Un forastero que podía suponer un contraste especialmente allí donde existían naciones homogéneas cultural, lingüística o religiosamente. Pues bien, ante este dilema el cristianismo nos dio una pauta moral clara, que se ve sintetizada en la cita evangélica con la que he comenzado. Como complemento, en la parábola del Buen Samaritano Jesús ofrece una lectura extensa de aquel prójimo al que tenemos el mandamiento de amar como a nosotros mismos. Pasan de largo del hombre apaleado sacerdotes y levitas y tiene que ser un samaritano, que viene de lejos, de un pueblo del que desconfiaban los judíos, el que muestre su misericordia. Porque el cristianismo, con su vocación universal, también nos enseña a mirar más allá de esos perímetros nacionales cerrados, buscar la hermandad en sabernos hijos de un mismo Dios, con igual dignidad. Recuerdo esto conmovido por los sucesos de Torre Pacheco de las últimas […]
