La mayor parte de los hechos sociales son complejos. Lo habitual es que aparezcan integrados por fenómenos diferenciables, dominado cada uno de ellos por su propio principio ordenador. Como sencillo ejemplo pensemos en algo muy frecuente que todo padre o madre con varios hijos ha vivido: el hermano pequeño le quita al mayor su juguete y este responde dándole un bofetón. La autoridad paterna interviene para imponer el orden (paz social) por la vía de hacer justicia y coadyuvar así al fin último de la educación de sus hijos. Pero, para hacerlo adecuadamente, tiene que descomponer el hecho que debe enjuiciar en sus distintos elementos y tratar luego cada uno de ellos conforme a lo que demanda en relación con el fin último buscado. Esa descomposición implica distinguir el fenómeno de quitar una propiedad ajena sin permiso, del fenómeno de castigar esa acción unilateralmente empleando la violencia. No afirmo que cada uno de ellos venga presidido por un principio inamovible y evidente —no pueden ser idénticos en una comuna, un hogar tradicional o en la casa de los Soprano—, solo que es imposible tratar racionalmente el hecho sin descomponerlo. La solución en un hogar tradicional sería reconvenir al pequeño por […]
La interesada confusión de los marcos de referencia del discurso como herramienta populista
La mayor parte de los hechos sociales son complejos. Lo habitual es que aparezcan integrados por fenómenos diferenciables, dominado cada uno de ellos por su propio principio ordenador. Como sencillo ejemplo pensemos en algo muy frecuente que todo padre o madre con varios hijos ha vivido: el hermano pequeño le quita al mayor su juguete y este responde dándole un bofetón. La autoridad paterna interviene para imponer el orden (paz social) por la vía de hacer justicia y coadyuvar así al fin último de la educación de sus hijos. Pero, para hacerlo adecuadamente, tiene que descomponer el hecho que debe enjuiciar en sus distintos elementos y tratar luego cada uno de ellos conforme a lo que demanda en relación con el fin último buscado. Esa descomposición implica distinguir el fenómeno de quitar una propiedad ajena sin permiso, del fenómeno de castigar esa acción unilateralmente empleando la violencia. No afirmo que cada uno de ellos venga presidido por un principio inamovible y evidente —no pueden ser idénticos en una comuna, un hogar tradicional o en la casa de los Soprano—, solo que es imposible tratar racionalmente el hecho sin descomponerlo. La solución en un hogar tradicional sería reconvenir al pequeño por […]
