¿Por qué le llamamos publicidad institucional cuando queremos decir propaganda?
Les propongo un ejercicio de ficción. Imagínense que, de un día para otro, desaparece de este país la publicidad institucional. El Gobierno de España, las comunidades autónomas, las diputaciones provinciales, los ayuntamientos y las cientos de empresas públicas y organismos dependientes de las administraciones del Estado borran del excel de cada uno de sus presupuestos la casilla correspondiente al dinero que destinan a contar en los medios de comunicación, y ahora en las redes sociales, qué es lo que hacen. ¿Qué pasaría? Bueno, vamos a dejarlo porque este ejercicio no es de ficción, sino de ciencia ficción. Hoy, la eliminación de estas partidas tiene el mismo porcentaje de probabilidades de llevarse a cabo que el de que yo participe en la maratón de Nueva York: en torno al cero por ciento. El mundo es como es. Y la política sigue siendo ese terreno en el que los pajarillos cantan, las nubes se levantan… y los gobiernos hacen más propaganda que publicidad institucional y no la piensan abandonar. Es lo que hay. Pero centremos el debate sobre el uso que le dan los políticos españoles a la publicidad institucional poniendo contexto. Y, a tal fin, quiero darles antes que nada una […]
